El pasado fin de semana pudimos ver de nuevo una agresión en un campo de futbol. Bueno, quizás, deberíamos decir en un campo de futbol superior. La verdad no sé muy bien como catalogar lo que ocurre en las altas esferas cuando se repiten hechos como la agresión que sufrió el entrenador del Real Madrid, Pelegrini, el pasado sábado en el Vicente Calderón (estadio del Atlético de Madrid). Lo que si se es que no siguen la misma línea que cuando ocurren acciones similares con personajes diferentes, con entidades diferentes. Por otro lado, que un ciudadano lance un objeto en medio de un evento deportivo no es casual. Vayamos por partes…
Futbol como (neg)ocio
Ir a un estadio de futbol en la actualidad forma parte de nuestro ocio. El ocio, para Hegel, así como es aceptado de una manera generalizada, consiste en “una actividad realizada para descansar del trabajo”. En este sentido, abordar este tema, que desde mi punto de vista no está tan claro, supone hablar de dos cuestiones íntimamente relacionadas: la propia actividad de ocio, y, el trabajo del cual tenemos que descansar. Como veremos, una nos llevará a la otra.
En primer lugar, hablamos de un tipo de ocio del espectáculo (deportivo, en este caso). Aquí el espectador tradicionalmente ha tenido un papel activo, famosas son la elocuciones al considerar a la afición como el jugador número 12, debido a la presión sicológica que pueden llegar a ejercer hacia los deportistas y árbitros. Siguiendo el desarrollo de Hegel, el ocio, como toda actividad, debe tener “un sentido y una identidad” (dos factores), ya que si no tiene sentido es aburrido. Para este caso, se advierte el “sentido” como bastante subjetivo, ya que puede variar desde pasar un buen rato con amigos y/o familiares, hasta una cuestión casi de fe. En cualquier caso, siendo una actividad de “descanso del trabajo”, dependería del grado de vinculación de cada persona con dicha actividad de ocio. Es aquí donde entra el segundo factor, la “identidad”. Como bien dice Hegel, aunque la actividad de ocio puede conllevar una identidad, es el sentido lo que hará satisfactoria o no dicha actividad. Sin embargo, podemos observar claramente como la identidad (la vinculación), alcanza casi más importancia, que el sentido que tenia realizar esta actividad de ocio, llegando incluso a sustituirla. En consecuencia, la victoria o derrota del equipo, con el cual guardas una vinculación (identidad), es lo que acaba dándole sentido a tu ocio, a tu tiempo de descanso. Siendo así, volvemos al caso con el que comenzábamos y sin querer justificar la acción del aficionado que arroja un objeto, nos encontramos en una situación mucho más coherente de la realidad; una realidad que muestra la tensión del tiempo destinado al descanso y que deja entrever un problema de fondo, algo a lo que nos referíamos cuando afirmábamos que no se trataba de una situación casual. Un problema social, que más allá de tener sus raíces en la educación y el civismo de la población, apunta a la segunda de las cuestiones que mencionábamos al principio, es decir, el trabajo del que se descansa. Pero sigamos.
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