El futbol como ocio (negocio) dentro de una crisis, también, sociocultural.
Publicado por payasoo en 13 Noviembre 2009
El pasado fin de semana pudimos ver de nuevo una agresión en un campo de futbol. Bueno, quizás, deberíamos decir en un campo de futbol superior. La verdad no sé muy bien como catalogar lo que ocurre en las altas esferas cuando se repiten hechos como la agresión que sufrió el entrenador del Real Madrid, Pelegrini, el pasado sábado en el Vicente Calderón (estadio del Atlético de Madrid). Lo que si se es que no siguen la misma línea que cuando ocurren acciones similares con personajes diferentes, con entidades diferentes. Por otro lado, que un ciudadano lance un objeto en medio de un evento deportivo no es casual. Vayamos por partes…
Futbol como (neg)ocio
Ir a un estadio de futbol en la actualidad forma parte de nuestro ocio. El ocio, para Hegel, así como es aceptado de una manera generalizada, consiste en “una actividad realizada para descansar del trabajo”. En este sentido, abordar este tema, que desde mi punto de vista no está tan claro, supone hablar de dos cuestiones íntimamente relacionadas: la propia actividad de ocio, y, el trabajo del cual tenemos que descansar. Como veremos, una nos llevará a la otra.
En primer lugar, hablamos de un tipo de ocio del espectáculo (deportivo, en este caso). Aquí el espectador tradicionalmente ha tenido un papel activo, famosas son la elocuciones al considerar a la afición como el jugador número 12, debido a la presión sicológica que pueden llegar a ejercer hacia los deportistas y árbitros. Siguiendo el desarrollo de Hegel, el ocio, como toda actividad, debe tener “un sentido y una identidad” (dos factores), ya que si no tiene sentido es aburrido. Para este caso, se advierte el “sentido” como bastante subjetivo, ya que puede variar desde pasar un buen rato con amigos y/o familiares, hasta una cuestión casi de fe. En cualquier caso, siendo una actividad de “descanso del trabajo”, dependería del grado de vinculación de cada persona con dicha actividad de ocio. Es aquí donde entra el segundo factor, la “identidad”. Como bien dice Hegel, aunque la actividad de ocio puede conllevar una identidad, es el sentido lo que hará satisfactoria o no dicha actividad. Sin embargo, podemos observar claramente como la identidad (la vinculación), alcanza casi más importancia, que el sentido que tenia realizar esta actividad de ocio, llegando incluso a sustituirla. En consecuencia, la victoria o derrota del equipo, con el cual guardas una vinculación (identidad), es lo que acaba dándole sentido a tu ocio, a tu tiempo de descanso. Siendo así, volvemos al caso con el que comenzábamos y sin querer justificar la acción del aficionado que arroja un objeto, nos encontramos en una situación mucho más coherente de la realidad; una realidad que muestra la tensión del tiempo destinado al descanso y que deja entrever un problema de fondo, algo a lo que nos referíamos cuando afirmábamos que no se trataba de una situación casual. Un problema social, que más allá de tener sus raíces en la educación y el civismo de la población, apunta a la segunda de las cuestiones que mencionábamos al principio, es decir, el trabajo del que se descansa. Pero sigamos.
No se trata de hacer un juicio de valor acerca de la identificación de la sociedad con cualquiera que sea el símbolo, la bandera o los colores a los que se siente unida, sino más bien de intentar comprender lo que queremos entender por ocio y lo que acaba concretándose como tal. Dicho esto, una vez encontrado el sentido de disfrutar del futbol en un estadio, y de haber elegido el equipo con el cual te identificas dentro del mismo, tenemos que preguntarnos ¿Qué es hoy día un equipo de futbol? Para muchos será lo más grande (según lo que ya hemos comentado del grado de vinculación con el mismo), pero fuera de valoraciones individuales, queremos hablar acerca de lo que a fin de cuentas acaba siendo un equipo de futbol. Con esto, vamos abandonando el ocio que permite el futbol como deporte, y nos acercamos al negocio del futbol.
Hoy toda entidad deportiva es una empresa. Como tal, se rige y estructura según criterios de eficiencia y competitividad, y se mide según el volumen de negocio (capital) que genera. Así, los clubes más grandes son aquellos que mayor presupuesto tienen para gastar, por tanto, los que más ingresos tienen. El capital, le otorga un determinado poder, así los equipos con un mayor capital, son también los más poderosos. El poder se extiende por varias vías para imponer sus intereses. No solo los medios de comunicación (deportivos en este caso) son controlados por los grandes clubs, sino que es precisamente en el aparato regulador donde tienen más influencia. Nos referimos a los consejos deportivos o tribunales de justicia deportivos. Parecen no tener límites, convertir lo negro en blanco es cuestión de unas cuantas llamadas de teléfono, un par de telediarios y unos cientos de miles de ejemplares de prensa deportiva mas (lo cual además les acaba dando beneficios de publicidad). El ejemplo más ilustrativo sea quizás el, ya olvidado, “CIERRE DEL CAMP NOU”, por la lluvia de objetos sobre el terreno de juego durante un Barcelona-Real Madrid; y como se modifico la legislación para acabar manteniendo sus intereses. Sin entrar en detalles, tenemos que decir que no es ésta la única (normalizada) “excepción” ante la que podemos encontrarnos.
Ahora, dibujemos por un momento el mismo esquema anterior, pero bajo un contexto más amplio, y a priori, más importante. Imaginemos que en lugar de un club-empresa como el F.C. Barcelona o el Real Madrid, tenemos a una gran corporación empresarial de la construcción o a un poderoso Banco. Y en lugar de la Federación Española de Futbol o el Tribunal de Justicia Deportiva, pensemos en el Congreso de los Diputados. Aplicamos la misma dinámica y ¿qué tenemos? Unas entidades empresariales que ejercen su presión al gobierno de turno, a través de los medios de comunicación, y un Congreso de los Diputados que responde con la elaboración de un Decreto que implica un desembolso de los fondos públicos para “relanzar”, “dar liquidez”, etc. a la Banca en crisis, por ejemplo.
Ésta, es la misma Banca que hipotecó a los ciudadanos para que estos pudiesen comprarles una casa a las grandes constructoras, las cuales ahora dejan en paro a miles de trabajadores bajo la escusa de que esto “nadie se lo podía esperar” ¿Que nadie se imaginaba que no hay población para tantas viviendas? Es cierto que en esto pudieron ayudar los especuladores que han ganado lo que han querido y más, y que compraban como muchas familias juntas. Pero si ya el sentido común no es suficiente para entender que no se puede construir a ese ritmo toda la vida (los trabajadores y trabajadoras lo sabían -porque tienen que administrarse su día a día- parece que los empresarios no!! la falta de comunicación quizás…), ¿acaso nadie había anticipado esto? Pues claro, por poner un ejemplo, en 2004 fue publicado el informe economía WIN KOK de alto rendimiento (documento que aquellos que hayan estudiado algo acerca de política regional deben conocer), desestimando por completo el sistema de crecimiento, y confirmando un periodo de recesión económica en no más de 3 años. ¿Pero y con este tipo de previsiones que se hizo? Pues cada uno lo suyo. Por poner otro ejemplo, tenemos la Estrategia para la Competitividad de Andalucía (ECA) para el periodo 2007-2013 (publicada a fecha 6 de noviembre de 2007), en la que preveía un crecimiento real medio para Andalucía superior al 3% (ahora ¿llegamos al 1?) y además una creación media de empleo del 3%. Con estos datos para finales del periodo mencionado Andalucía estaría en disposición de dejar de recibir ayudas de la Unión Europea y habría creado 750000 puestos de trabajos nuevos. ¿Qué quién firmo esta “super-estrategia”? El entonces consejero de economía de la Junta de Andalucía, J. Antonio Griñan, ahora Presidente de la Junta de Andalucía. Meritos ha hecho. Entonces la respuesta fue y es: “No, es que es una crisis a nivel internacional”. Ay!! cuanto optimistismo en nuestros queridos gobernantes de todo el mundo…
Pero volviendo al futbol que es lo importante. Y si dejamos de imaginar. Si por un momento nos vamos a la realidad y miramos hacia esa liga de las estrellas que nos entusiasma cada fin de semana con sus galácticos. ¿Qué vemos? Como decíamos antes, estamos ante clubs-empresa. Como tales necesitan de un presidente-empresario. Y ahora sí, ¿Qué vemos? Pues lo que vemos es a los mayores constructores del estado en manos de los equipos de nuestros corazones. Los mismos que se hicieron ricos vendiéndonos sus casas a costa de un préstamo que no solo hipotecaron nuestra vida, sino también la de futuras generaciones. Los mismos que utilizan a su afición tanto si son grandes clubs, como si no, para protestar por un tratamiento desigual contras entidades privadas (equipos de futbol). El caso es que da igual, pues a estos niveles creer en acción de nuestros presidentes (capitalistas), en relación a defender la injusticia con nuestro equipo, no va más allá de un juego hipócrita por ganar una cuota de mercado mayor, o presionar bien sea a un equipo para que te deje un jugador más barato, o bien a la federación para que en adelante reduzca las investigaciones acerca de las cuentas de la empresa-equipo. Y es que, son los mismos que te vendieron tu abono socio a precio de oro (que un gran porcentaje supone el sueldo de un mes) para la más grande de todas las ligas, la LIGA BBVA… Anda!! Pero si se llama igual que un banco, que casualidad.
Ciertamente, guarda gran similitud lo que ocurre en el ámbito, mal llamado, deportivo (pues del deporte poco queda), con lo que ocurre entre otras grandes corporaciones empresariales y los gobiernos estatales. Lo que demuestra la vigencia de la empresa privada en la estructuración del mundo en el que vivimos. Un sistema, en el que los Estados desaparecieron, y no son más que herramientas burocráticas y represivas, vasallos de las poderosas corporaciones ante las que rinden cuentas a final de mes. Un sistema que perpetúa las desigualdades y consume el planeta a una velocidad desorbitante, y que nos vende un ocio que no es tal, al menos para la mayoría.
En definitiva, a lo que me refiero es que estamos ante un modelo de trabajo controlado e impuesto por la gran empresa privada, la cual mira por sus intereses y no por los nuestros. Un trabajo que tiene a su vez el control sobre tu vida. Una vida que está estructurada para el trabajo, y del que, por tanto, te tienes que liberar, desencadenar, desahogar, ya no descansar… pues no trabajas para vivir, sino que vives para trabajar. Hoy, tenemos un ocio diverso y bien empaquetado, que aunque creas elegirlo, solo lo seleccionas. Y aun con la forma deseada, carece de fondo. Es cierto que las condiciones de vida en un pasado pudieron ser más duras. Tan cierto como que muchas luchas se libraron para conseguir mejores condiciones. Sin embargo, vivimos otro tiempo, el nuestro. Uno en el que parece que todo se consiguió, aunque en su base siga igual. Un tiempo en el que no descansamos, aunque tengamos descansos. Porque para descansar, primero hay que vivir. Y es que, a pesar de encontrar estaciones de servicio cada 100 metros, cada cual con mas luces y mejor decorada, y podamos repostar infinitos tipos de combustible, la carretera ya viene dada, está cerrada, y además es de peaje…
“Mi ocio, comienza con mi bicicleta…”
Pérez Ganfornina