JÓVENES DESPIERTOS

Éste es nuestro tiempo y comienza ahora

Hubo una vez un muro

Publicado por payasoo en 10 Noviembre 2009

muro berlin

Una encuesta realizada en Alemania, con motivo del aniversario de la caída del muro de Berlín, desveló que al menos la mitad de los alemanes no sabe ya dónde estaba el muro.

Es muy probable, que dentro de 20 o 30 años nadie recuerde siquiera que hubo un muro.

El triste muro de Berlín se estudiará en el colegio y será un tema aburrido más, para algún examen antipático de historia. La sociedad actual, obsesionada por enterrar el pasado y construir encima carreteras y supermercados, no se da cuenta de lo que está perdiendo. Desaparecen las fosas comunes, las particulares, los asesinos y sus asesinatos. Desaparece el camino que recorrimos para llegar hasta donde estamos hoy. ¿Recordarán que hubo esvásticas, uniformes, balas, muertos, crímenes de guerra, guerra incluso? ¿Recordarán que hubo un genocidio, muchos genocidios… que hubo fascismos, estalinismos, extremismos y exterminios?

Son los muros de la memoria, levantados por el olvido, para evitar la deserción de la amargura. Para evitar que nadie pueda ver las imágenes del sufrimiento, su sentido, sus razones… y entenderlas.

Basta que pase el tiempo para que un genocida pueda quedar reconvertido en héroe. España, por ejemplo, sabe de eso. Hasta que aparecieron los euros, el billete de mil pesetas llevaba de un lado, el retrato de Hernán Cortés, y del otro el de Francisco Pizarro. Si los crímenes de estos dos hombres se hubieran cometido en el siglo XX, competirían con los de Hitler, Musolini o Stalín… Por suerte para ellos ha pasado la maquinaria del olvido y hoy son grandes hombres. Quizá, dentro de 400 años el billete de mil euros lleve la imagen de Hitler. Habrá incluso quien diga que fue el único líder elegido democráticamente que pudo sacar a Alemania de la crisis.

Allá donde hubo campos de concentración habrá grandes edificios, y donde estuvieron las fosas comunes, habrá aparcamientos para los consumidores.

Al final, todo el mundo habrá pagado por ver películas americanas sobre la guerra del Vietnam pero nadie sabrá de qué iba. De hecho, la historia no refleja ni aparece en sus libros ninguna “guerra del Vietnam” tal y como la “conocemos”. Solo consta una guerra civil que un día dividió un país asiático. Estados Unidos nunca declaró guerra alguna a Vietnam. Nunca estuvo en guerra con ese país. Tantos miles de muertos… para nada. Para que Hollywood gane dinero.

Israel, que tanto lucha para que no se olvide el Holocausto, y con razón, permite y trabaja sin embargo, para que nadie recuerde sus crímenes de guerra de hoy. Para colmo es un fenómeno manipulable.

Basta que el tiempo haga su trabajo para que dejen de existir los criminales, las víctimas, las culpas, las razones, las sinrazones… Y como dijo el filósofo “el pueblo que olvida su historia está condenado a verla repetirse”. ¿Cuántas veces podemos repetir las barbaries? La humanidad lleva miles de años de retraso por culpa de esta manía absurda, este afecto desmedido por la violencia y el abuso, la lucha por la superioridad y la avaricia. Manías que no parecen sufrir los embates del olvido.

Y no es cuestión de siglos, ni de años. Nos tienen ya acostumbrados a escandalizarnos con la corrupción de hoy, destapada en todos los medios de comunicación, y desechada, como un clinex al día siguiente. Se tira su recuerdo como quien tira un periódico viejo, y pasamos página sin que nos quede el más mínimo vestigio. Nos asombramos con los pederastas detenidos, con los curas arrestados, los violadores, los criminales, los corruptos del día y por la tarde ya estamos listos para recibir los de mañana.

La vergüenza de los corruptos dura solo lo que un programa de noticias. Después, pueden volver a su trabajo, volver a robar, incluso ser candidatos a elecciones generales. No hay nada que un buen trabajo de imagen, de marketing, no pueda solucionar.

Dentro de poco nos olvidaremos que hubo leyes que protegían nuestras libertades, incluso olvidaremos que esas libertades existieron alguna vez. Olvidamos a aquellos que han dado su vida por nuestro bienestar, para poder escribir y opinar libremente, para poder publicar y difundir ideas e ideales. Pero son los ideales los primeros que sucumben a esta desmemoria, a este borrado de archivos, a esta limpieza cerebral.

Ojalá se olvidaran todos, de cómo se hacen las guerras, de cómo se provocan las torturas, de generar hambrunas… cómo se maneja un arma. Ojalá se olvidaran todos de cómo exterminar a sus hermanos. Eso no se olvida. Se atesora.

Hubo una vez un muro, que separó un país entero. Se derribó. Pero unos kilómetros más al sur levantan otro, igual de vergonzoso y nadie parece aún con intención de tirarlo. ¿Será cuestión de tiempo? Quizá, pero por cada segundo de espera, caen los muertos. El tiempo se cobra un precio tan alto…

Hubo una vez un muro. Celebremos que fue derribado, antes de que se nos olvide celebrar.

Pablo Jato

World Image Press


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