La masacre de Tlateloco – El 68 en México
Publicado por payasoo en 18 septiembre 2008
El 2 de octubre no se olvida
Parte 1: La rebelión de los jóvenes
Hace 30 años una pujante lucha popular sacudió a México hasta los cimientos y la juventud rebelde presentó batalla.
Al atardecer del 2 de octubre de 1968, en ciudad de México miles de estudiantes y residentes llenan la plaza de las Tres Culturas de la unidad habitacional Tlatelolco. Desafían al ejército y condenan la salvaje represión. Esto ocurre unos pocos días antes de la inauguración de las olimpiadas en una ciudad repleta de periodistas extranjeros.
Al amparo de la oscuridad, el ejército y la policía rodean a la multitud en un movimiento de tenazas. A una señal convenida, helicópteros, tiras, dos columnas de soldados y tanquetas abren fuego. Esa noche infernal, conocida hoy como la masacre de Tlatelolco, deja más de 300 muertos y miles de heridos y presos.
Con este despliegue de salvajismo, el gobierno del PRI (que recibe órdenes de Estados Unidos) quería aislar y amedrentar al movimiento estudiantil. Pero en vez, mostró su verdadera naturaleza y llevó a muchos a preguntarse en serio cómo lograr un cambio.
Los hechos del 2 de octubre de 1968 siguen siendo un tema muy importante en México. En los últimos meses han salido libros, artículos y fotos con nueva información sobre la masacre. La versión “oficial” todavía es que la multitud “provocó” a los soldados, pero el gobierno no quiere divulgar pruebas, como las películas de sus propios equipos de camarógrafos.
La polémica demuestra que las cuestiones que planteó la masacre de Tlatelolco, como la necesidad de una revolución, siguen siendo urgentes. Los imperialistas yanquis, confabulándose con la burguesía burócrata mexicana y los terratenientes, le han apretado el yugo al país y hundido a millones más en la pobreza. De Chiapas al D.F., hay lucha y el gobierno contesta con más represión.
En el 30 aniversario de la masacre de Tlatelolco, el legado de la juventud rebelde de 1968 perdura. ¡El 2 de octubre no se olvida!
“¡No queremos olimpiadas!¡Queremos revolución!”
El Comité Olímpico Internacional, encabezado por el estadounidense Avery Brundage, escogió a México como primera sede del tercer mundo para las olimpiadas. El objetivo de esa selección fue doble: jalar a los países oprimidos al mundo deportivo imperialista; y poner a México en vitrina, como modelo de crecimiento y relativa estabilidad, gracias al patrocinio de Estados Unidos. Querían presentar a México como contraste a la mayoría de los países de Latinoamérica, Asia y África, sacudidos por luchas de liberación nacional… de donde saltaban chispas de rebelión a ciudades imperialistas como París y Detroit.
Pero dos meses antes de los Juegos, México alargó la lista mundial de “problemas”: estalló una rebelión estudiantil con una velocidad que estremeció al gobierno y a varias organizaciones políticas, y prendió otros sectores sociales.
El gobierno mexicano y sus patrocinadores occidentales soñaban mandar por todo el mundo impresionantes tomas del nuevo complejo deportivo (que se construyó a un costo de 175 millones de dólares), de los nuevos hoteles y de calles recién barridas. En cambio, lo que el mundo vio fueron escenas de camiones volcados en el centro y de pintas contra los yanquis y el PRI en los muros de la embajada yanqui. Una de las consignas populares era “¡No queremos olimpiadas! ¡Queremos revolución!”. El Comité Nacional de Huelga sacó un “Manifiesto a los estudiantes del mundo” proclamando que el mito de “que nuestro país es modelo a seguir por otros países subdesarrollados, ha sido destruido por [la represión de] las mismas fuerzas gobiernistas”.
El movimiento estudiantil comenzó con un incidente del 24 de julio. Ese día se armó una bronca entre dos pandillas frente a una preparatoria; una pandilla tenía vínculos con esa preparatoria y otra con una escuela vocacional. (Muchas preparatorias están incorporadas a la Universidad Nacional Autónoma de México, o UNAM; las escuelas vocacionales están incorporadas al Instituto Politécnico Nacional, o Poli, y los dos tienen una vieja rivalidad.) Los granaderos (policía de motín) intervinieron con todo salvajismo para parar la pelea. Luego, cuando los estudiantes de una escuela vocacional protestaron, los granaderos volvieron a atacar y mataron a varios.
En respuesta, los estudiantes se tomaron camiones y armaron barricadas para defender sus escuelas. Las huelgas de prepas y vocacionales se regaron por toda la capital. Los estudiantes de la UNAM y el Poli las apoyaron y formaron un Comité Nacional de Huelga (CNH) que presentó seis demandas: desbandar el cuerpo de granaderos; destituir a los comandantes de la policía; investigar y castigar a los oficiales de alto nivel causantes de la represión; indemnizar a las familias de los muertos y heridos; derogar el artículo del Código Penal que crea el delito de “disolución social” (muchos sindicalistas independientes y comunistas estaban presos por esa ley); poner en libertad a los presos políticos, tanto los estudiantes detenidos en los disturbios recientes como otros presos acusados de disolución social.
En tres díaas el gobierno tuvo que despachar el ejército a desocupar varias prepas. En los enfrentamientos cayeron muertos 32 estudiantes y hubo centenares de heridos y presos. Pero eso redobló la resistencia. La huelga se extendió a la UNAM, el Poli, otras escuelas y universidades de provincia, con el apoyo de la mayoría de profesores. Hacia finales de agosto, los estudiantes hacían manifestaciones de 300.000 a 600.000 personas en el D.F., con la presencia de importantes contingentes de obreros y campesinos.
Los techos de los camiones:
Tribuna popular
La actividad y cuestionamientos de los jóvenes y la patente debilidad del gobierno ante el movimiento abrieron un camino bloqueado desde hacía mucho tiempo a la vida política, por donde entraron cientos de miles de obreros, pobres urbanos y los sectores bajos de la clase media; de una u otra forma, participaron en la lucha.
Los estudiantes formaron brigadas que dieron muestra de gran creatividad para burlar a la policía y comunicarse con la ciudadanía. Los estudiantes de ingeniería se inventaron unos globos que estallaban al llegar a cierta altura y desparramaban volantes. Los estudiantes de teatro hacían obras realistas en la calle; por ejemplo, un estudiante y una “señora” conservadora de zapatos de tacón alto y collar de perlas se ponían a debatir en voz alta en mercados concurridos. A su alrededor se hacían coros de centenares de observadores, la mayoría del lado del estudiante; otros estudiantes recorrían con disimulo la multitud y hablaban con los avanzados.
Pronto algunos estudiantes se dieron cuenta de que sus aliados de las colonias populares hablaban de una forma muy distinta y tuvieron que dejar a un lado su “cultura” y aprender el calí de la calle. Después de trabajar en brigadas todo el día, pasaban la noche en salones de clase hablando de las afrentas y abusos que sufre el pueblo–cosas que aprendieron ese día–y pensando cómo denunciarlos en sus volantes al día siguiente.
Los camiones rojiblancos del Poli, con un grupo de estudiantes sentados en el techo con un magáfono, se veían por muchas partes. Obreros, locatarios de puestos de mercado y hasta mariachis se encaramaban al techo de los camiones a apoyar o criticar las demandas y tácticas de los estudiantes, y a expresar sus propias demandas. En muchas partes, cuando llegaba un camión del Poli, se hacía bolita a su alrededor.
Campesinos y petroleros
Entre los estudiantes y los campesinos de Topilejo, un pueblito que queda en las montañas no muy lejos de la capital, se formó una relación especialmente fraternal. Cuando en agosto un accidente de camión en la carretera dejó varios muertos y heridos en Topilejo, sus habitantes se tomaron unos camiones y fueron a pedir apoyo de los estudiantes de la UNAM a sus demandas: reparar el camino, nuevos camiones e indemnización justa para los familiares de las víctimas. Los estudiantes pusieron al servicio de los campesinos los camiones de la universidad y abrieron en el pueblo un campamento de información y ayuda, “el Soviet”, atendido por estudiantes de enfermería, agricultura, trabajo social y medicina. Centenares de brigadas viajaron a todos los pueblos de la región para exponer ideas políticas a los campesinos y aprender de su situación y de su extensa tradición de rebelión. Después de eso, los contingentes campesinos de Topilejo siempre estuvieron presentes en las reuniones estudiantiles de la capital.
Grandes contingentes de electricistas, ferrocarrileros y petroleros desafiaron las amenazas de los sindicatos charros y se unieron al movimiento. En muchas fábricas, unos cuantos obreros siempre distribuían volantes a sus compañeros de trabajo.
Por ejemplo, unos trabajadores jóvenes de la refinería de Atzcapotzalco, al norte de la capital, formaron un “comité de lucha” y se pusieron en contacto con los estudiantes del Casco de Santo Tomás, del Poli. Juntos celebraron mítines diarios frente a los portones de la refinería y en las colonias vecinas, donde vivían muchas familias de trabajadores.
El estado tomó muy en serio la posibilidad de que el levantamiento estudiantil infectara más sectores de la clase obrera, incluso los relativamente privilegiados de la estratégica industria paraestatal petrolera. Según una queja de un grupo de trabajadores del petróleo el 30 de agosto, unos tiras infiltraron la planta y luego entró el ejército. Afuera, soldados en fila amartillaban sus ametralladoras o pinchaban con las bayonetas a los trabajadores que salían para que no se agruparan; adentro, las tropas supervisaban la producción para impedir una huelga o sabotaje.
La situación también causó mucha preocupación en “El Norte”. El 21 de septiembre el New York Times advirtió: “[Las brigadas] podrían tener serias consecuencias si llegan a extenderse más allá de cierto punto. Son un ataque a la estructura política y social existente y en ese sentido, aparte de la presencia de grupos comunistas en el movimiento estudiantil, las actividades son subversivas”.
Brigadas de mujeres y los acelerados
En medio de toda esta actividad, el movimiento debatió muchas cuestiones de suma importancia: qué tácticas usar, qué clase de revolución para México, cuál era su blanco principal, el papel de la clase obrera y de los campesinos, y la opresión de la mujer. El Partido Comunista (pro soviético), los guevaristas, los trotskistas y los maoístas rivalizaban por la dirección.
El movimiento se ganó mucho apoyo de las mujeres, especialmente de las clases medias. El libro La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska cita a varias mujeres de la clase media a quienes les gustó ver a la juventud rechazar las reglas de una sociedad que las sofocaba y encerraba.
Las estudiantes desbancaron las viejas ideas reformistas de que la mujer debe limitarse a “apoyar al hombre” en la lucha y batallaron por participar–a menudo contra la corriente–en todos sus aspectos, ya fueran debates o la defensa física de las escuelas. En La noche de Tlatelolco, un dirigente recuerda arrepentido que para animar a los estudiantes a no ceder terreno ante la policía y los perros derechistas, dijo: “No lloremos como mujeres lo que no supimos defender como hombres”. Al día siguiente lo esperaban en su escuela dos brigadas de mujeres que lo escarmentaron durante varias horas por usar semejante estereotipo tan degradante.
Un ala del movimiento recibió el apodo de los “acelerados” porque siempre querían responder golpe por golpe a las fuerzas del estado. En su mayoría, los “acelerados” eran estudiantes del Poli y sus vocacionales; también los había en las prepas. La mayoría eran adolescentes de familias de la clase obrera. El apodo de “acelerados” se los dieron despectivamente los “sensatos” que siempre querían limitar el alcance y furia del movimiento. Pero los “acelerados” tomaron el apodo a mucho honor, y su desafío fue lo que caracterizó al movimiento y marcó el ritmo del levantamiento.
¡Beee… somos borregos!
La rebelión estudiantil se extendió incluso a sectores muy respetables de la clase media en ciudad de México. El 28 de agosto, después de una enorme y agitada manifestación en el Zócalo–que hasta entonces era territorio sagrado para las movilizaciones del PRI–el gobierno dijo que se había “insultado” a los símbolos nacionales, y metió en camiones a miles de burócratas y empleados oficiales y los llevó al Zócalo para una ceremonia de “desagravio” a la bandera. El gobierno no esperaba que centenares de empleados públicos (supuestamente seguidores más leales) se pusieran a balar: “¡Beee… no vamos, somos borregos… beee!”.
Los estudiantes se infiltraron en la multitud y armaron mítines espontáneos aquí y allá. En cada grupito de burócratas se prendieron discusiones políticas. El gobierno tuvo que llamar tanques y soldados para dispersar su propio mitin, que terminó con batallas campales por el centro y una lluvia de botellas de los techos.
El 18 de septiembre, 10.000 soldados invadieron la UNAM para cerrar la base de operaciones de los estudiantes y para capturar a los miembros del CNH reunidos ahí. Pero el CNH recibió centenares de llamadas de advertencia y cuando llegaron las tropas no encontraron a nadie. La invasión reveló la farsa de que la universidad es autónoma del gobierno y enfureció a intelectuales y estudiantes de todo el país y del mundo. En el Caribe apedrearon las embajadas mexicanas; en Latinoamérica muchos directores de universidades criticaron la invasión; en Latinoamérica y Estados Unidos muchos estudiantes protestaron. El presidente de la UNAM anunció su renuncia. Un grupo de 150 periodistas y directores de periódicos de la capital publicó una protesta contra la invasión de la UNAM y contra el ataque de propaganda del gobierno a la universidad y su presidente.
El movimiento puso en marcha a muchos profesionalistas y amplios sectores de la clase media. Por ejemplo, a fines de septiembre, médicos y enfermeros de los dos principales hospitales de la capital fueron arrestados por atender estudiantes heridos por la policía. Los médicos residentes entraron en huelga en apoyo al CNH. También entraron en la refriega contingentes del movimiento Revolucionario del Magisterio (disidentes del sindicato de maestros dirigido por el gobierno).
Los yanquis y la CIA
El poderío del movimiento popular daba pavor a los amos yanquis, pues el levantamiento estudiantil, basado en las dos principales universidades de la capital, la UNAM y el Poli, crecía; participaban sectores muy amplios de la sociedad y ganaba cada vez más apoyo. Todo eso significaba un peligro muy real para el proyecto imperialista de poner a México en vitrina, como un modelo de estabilidad en el tercer mundo (además de los mayores peligros que implicaba).
El Estadio Olímpico estaba en la UNAM, en medio de la tormenta. Philip Agee, un agente de la CIA que fue a México como espía en 1968 con la fachada de organizar intercambios culturales durante las olimpiadas, tuvo que desmantelar una exposición del misil Júpiter en la UNAM porque temían que los estudiantes la destrozaran; postergaron la inauguración de una exposición de energía atómica en el Poli y buscaron otro sitio. En vísperas de las olimpiadas, los estudiantes desmentían las “maravillas” del desarrollo económico “Made in USA”, la supuesta prosperidad y paz social. Estaban resueltos a que el mundo entero conociera la verdad de su país.
Ante una situación que se salía de las manos de las autoridades, Estados Unidos se puso a dar órdenes entre bastidores. México es el único país fuera del mismo Estados Unidos donde el FBI opera abiertamente y la estación de la CIA en el D.F. es la mayor del hemisferio. Winston Scott, el jefe de la estación, tenía una relación muy estrecha con la élite mexicana, tan era así que el presidente fue el testigo oficial en su boda. Díaz Ordaz (el presidente en 68) recibía un informe diario de la CIA sobre las actividades y planes de la izquierda; según Agee (actualmente un famoso contrincante de la CIA), la estación proporcionó “mucha ayuda para planear redadas, arrestos y otras acciones represivas”.
El 27 y 28 de septiembre, Allen Dulles y Richard Helms, altos funcionarios de la CIA, viajaron al D.F. para reunirse con Winston Scott. Unos días después, el 2 de octubre, ocurrió la masacre de Tlatelolco, el tema de la segunda parte de esta serie.
Parte 2: Sangre en Tlatelolco. Cuando las mujeres de Tlatelolco hirvieron agua… pero no para cocinar
A medida que las batallas entre los estudiantes y las fuerzas de seguridad cobraban furia–y el apoyo era más arriesgado–más sectores del pueblo tomaron partido con los estudiantes. Eso ocurrió muy especialmente en la unidad habitacional Tlatelolco, un enorme conjunto de torres de edificios para familias de la clase media, donde también viven muchas familias de la clase trabajadora y familias pobres. Un análisis de prensa calculó que 12.000 habitantes de Tlatelolco entraron al movimiento del lado de los estudiantes.
El 21 de septiembre mil policías atacaron la Vocacional 7, que queda en Tlatelolco, y tropezaron con la encarnizada resistencia de los estudiantes. La policía prendió incendios en dos edificios, balaceó la escuela e inundó de gas lacrimógeno los apartamentos vecinos.
Esa noche, muchas amas de casa de Tlatelolco la pasaron hirviendo agua para aventársela desde las ventanas a los soldados o buscando trapos, botellas y combustible para hacer cocteles molotov para los estudiantes. Los niños les echaban piedras desde los tejados a los uniformados de abajo. Cientos de estudiantes de escuelas vocacionales de las colonias pobres cercanas rompieron el cerco policial quemando los carros de la policía. La prensa informó que muchachos “pandilleros” de Tepito también se unieron al combate. Llegaron refuerzos del ejército, pero así y todo las fuerzas de seguridad se tuvieron que retirar muchas veces. Por fin, a las 2 de la madrugada, abandonaron la lucha.
En esa batalla mataron a una bebita y por lo menos a tres estudiantes; se llevaron presos a centenares. Veinte granaderos salieron heridos; cuatro recibieron disparos: a uno lo mató un teniente del ejército porque le estaba pegando a su mamá.
Dos días después, en una nutrida balacera, la policía se tomó la Vocacional 7. En respuesta, una representante de los inquilinos de Tlatelolco pidió una huelga de alquiler por la misma duración que el conflicto estudiantil.
El 24 y el 25 de septiembre tuvo lugar una batalla similar, pero más intensa, de 1500 policías y soldados contra 2000 estudiantes en el Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional, cerca de las refinerías. Los estudiantes, algunos armados, montaron barricadas, cavaron trincheras, organizaron un puesto de guardia, crearon un sistema de mensajeros y se atrincheraron en los techos. El Washington Post escribió que unos estudiantes se apropiaron de un carrotanque para dispararle a la policía y que esta mató por lo menos a 15.
El gobierno no escogió por pura casualidad a Tlatelolco como escenario de la masacre ni fue accidental que las fuerzas armadas dispararan contra todos por parejo… hasta niños. La participación de los habitantes de Tlatelolco mostró el potencial que tenía el movimiento estudiantil de desencadenar una ola mucho más poderosa de rebelión popular contra la clase dominante.
A las 6:10 p.m.
Al anochecer de ese fatídico 2 de octubre, 10.000 estudiantes y vecinos llenaban la plaza de las Tres Culturas. En las últimas dos semanas la policía había disuelto casi todos los mítines y hecho hasta 1000 arrestos diarios. Muchos vecinos estaban asomados por los balcones para presenciar la reunión. Un orador anunció que no se iba a llevar a cabo la marcha programada al Casco de Santo Tomás para no “provocar” una pelea y que ya pronto terminaba el mitin. Pero el gobierno no necesitaba excusa para el implacable despliegue de fuerza que tenía planeado. Ya la plaza estaba rodeada por unos 300 tanques, vehículos blindados y jeeps, 5000 soldados y centenares de policías.
A las 6:10 aparecieron en el cielo unas luces de bengala verdes. Los helicópteros de la policía abrieron fuego. Inmediatamente, elementos de civil del batallón Olimpia (un batallón especial de la policía encargado de seguridad en las olimpiadas) atacaron a los oradores del Consejo Nacional de Huelga (CNH) que estaban en un balcón del tercer piso del edificio Chihuahua: los golpearon y empujaron a algunos a la línea de fuego.
Otros elementos de civil del batallón Olimpia comenzaron a disparar contra los manifestantes desde el balcón y desde el interior de la multitud. Tenían guantes blancos para que las fuerzas de seguridad los distinguieran. (Su papel fue doble: fuera de contribuir al pánico, al día siguiente el gobierno dijo que unos “estudiantes francotiradores” dispararon contra el ejército y comenzaron la masacre.) Desde ambos lados de la plaza comenzaron a avanzar soldados con la bayoneta calada mientras las ametralladoras batían los bordes de la muchedumbre. Oleadas humanas corrían de un lado de la plaza al otro, detenidas y devueltas por el tableteo de las ametralladoras.
Muchos de los muertos recibieron disparos por la espalda a quemarropa o bayonetazos, demostraron las autopsias. La multitud golpeó a las puertas de la iglesia de Santiago Tlatelolco, pero estas no se abrieron: el arzobispo había dado la orden de no dejar entrar a ningún manifestante.
Los tanques abrieron fuego contra el edificio Chihuahua y en sus primeros tres pisos prendieron incendios: el edificio recibió tanta bala que las tuberías y el calentador estallaron. Miles pasaron horas acurrucados mientras a su alrededor volaban balas y vidrio. El fuego parejo de armas automáticas duró entre hora y hora y media; después siguieron disparos más distantes hasta la madrugada.
La balacera fue tan general que los soldados se hirieron entre sí; quedaron 12 heridos y dos muertos. Mataron al auxiliar de una ambulancia e hirieron a una enfermera cuando fueron por los heridos. La policía acordonó el hospital de la Cruz Roja para arrestar a los heridos y para que no entraran más ambulancias. Pero en medio de ese infierno, muchos luchaban contra el pánico y se resguardaban unos a otros. Poniendo en peligro la vida, los dueños de muchos apartamentos abrieron las puertas y dejaron entrar a los que huían.
Hasta ahora no se sabe exactamente cuánta gente fue asesinada en Tlatelolco el 2 de octubre: solo 32 según la policía; 325 según una cuidadosa investigación del periódico inglés Manchester Guardian. Corrió el rumor de que los camiones del ejército se llevaron montones de cadáveres y los quemaron o los aventaron al mar.
Esa noche hicieron 1500 arrestos. A muchos los desnudaron y los dejaron parados horas bajo la lluvia con las manos arriba mientras los chuzaban y golpeaban con bayonetas. Alrededor de la plaza de Tlatelolco, un cerco de policía disparaba gas lacrimógeno contra multitudes enfurecidas y arrestaba a los que trataban de entrar a ayudar. Los soldados se desbocaron por todo Tlatelolco esa noche y catearon apartamentos en busca de armas y estudiantes. Cazaron y encarcelaron a los dirigentes estudiantiles. Algunos desaparecieron.
Made in the USA
Muchos arrestados sufrieron torturas. En el libro Masacre en México, un preso relata que un agente estadounidense estuvo presente en las cámaras de tortura
mientras los agentes mexicanos “lo trabajaban”. Un policía amenazó: “Si no sueltas la lengua, tenemos gringos que te harán cantar”. Pero la presencia física de los expertos en interrogación de Estados Unidos no era necesaria para ver la marca “Made in the USA” de toda la ola de represión.
Para los imperialistas estadounidenses la seguridad de su frontera sur es un motivo de preocupación. Imponiendo su sangriento orden público, el gobierno mexicano protege la opresión económica y política de Estados Unidos sobre México. Pero las dependencias del gobierno estadounidense a menudo coordinan y supervisan directamente esa represión. México es el único país del extranjero donde el FBI opera abiertamente y la estación de la CIA en ciudad de México es la mayor del hemisferio. Muchos oficiales del ejército y de la policía estudian en los institutos de la CIA o de la policía estadounidense.
Philip Agee, ex agente de la CIA que ahora es su crítico, fue a México como espía en 1968 con la fachada de organizar intercambios culturales durante las olimpiadas. En su libro Dentro de la compañía, Diario de la CIA, escribió: “En México el gobierno mantiene a nuestro enemigo común [la izquierda y los soviéticos] bastante bien controlados con nuestra ayuda–y cuando el gobierno no da abasto, la estación [de la CIA] por lo general puede hacerlo por su cuenta”.
Probablemente Agee no trabajó en las operaciones más delicadas de México, por ejemplo las que vinculan directamente al gobierno estadounidense con la masacre de Tlatelolco. Pero relata que la CIA intercambiaba a diario informes de espionaje con sus enlaces más importantes. Uno de esos contactos era el presidente Díaz Ordaz, cuya relación con la CIA era “supremamente cercana” y de la cual recibía costosos regalos, dice Agee.
Otro contacto importante era Luis Echeverría, quien como secretario de Gobernación tuvo a su cargo directo la masacre. Echeverría fue el siguiente presidente del país. Los archivos de la CIA sobre las organizaciones y actividades estudiantiles y de izquierda eran muy superiores a las del gobierno, dice Agee. Con la información de la CIA la policía hizo numerosas redadas y arrestos.
Después de la masacre ni el presidente Johnson ni su secretario de Estado hicieron declaraciones de protesta: un silencio que es complicidad, si no aprobación. El 3 de octubre, la junta ejecutiva del Comité Olímpico Internacional celebró una reunión de emergencia para decidir si seguir adelante con las olimpiadas a pesar de la masacre. Con Avery Brundage (el presidente estadounidense del comité) a la cabeza, la junta decidió que sí, por escasos votos. Brundage explicó que las autoridades mexicanas le habían asegurado que “nada interferiría con la entrada pacífica de la antorcha olímpica al estadio el 12 de octubre ni con las competencias”.
Así que diez días después de la masacre se inauguraron las olimpiadas en una atmósfera de brutal hipocresía. Las calles temblablan al paso de los tanques, pero los murales proclamaban en una docena de idiomas y colores: “Todo se puede con paz”. El gobierno vistió de minifalda a miles de jovencitas para que fueran “embajadoras olímpicas”. Una de ellas, con el uniforme olímpico apelmazado de sangre y perforado por las balas, yacía en la morgue donde desfilaban miles de padres en busca de sus hijos.
Los millares que creían que el gobierno nunca haría algo tan inhumano o que lo refrenaría la opinión pública nacional e internacional, se despertaron horrorizados. Como dijo Mao Tsetung, “el Poder nace del fusil”… y los imperialistas y sus secuaces lo recontraprobaron una vez más en Tlatelolco. En un país oprimido como México, la fachada de medio-democracia que les parece conveniente en “tiempos normales” se va al diablo cuando ven su dominio en peligro.
Apertura democrática: Fachada de mayor represión
La huelga estudiantil continuó con mucho apoyo dos meses más, a pesar de la fuerte represión después de la masacre. Inmediatamente estallaron protestas estudiantiles contra las embajadas de México en más de una docena de ciudades de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos: en las confrontaciones de París hubo 400 arrestos. Muchos protestaron contra la sangrienta mano del titiritero; por ejemplo, en Santiago de Chile, la embajada estadounidense fue apedreada. Los estudiantes de muchos países exigieron el retiro de sus delegaciones nacionales a las olimpiadas.
Pero el arresto de la mayoría de los dirigentes de la huelga y la táctica dual del gobierno–de ofrecer negociaciones o más muerte, según las circunstancias–tuvieron efecto. La huelga cayó más y más bajo la batuta de “sensatos” que querían llegar a un acuerdo con el gobierno. Para fines de noviembre el CNH levantó la huelga. La mayoría de los estudiantes se salieron furiosos de la enorme y tumultuosa reunión, gritando consignas de huelga. Se tomaron varias escuelas por corto tiempo para impedir el regreso a clases. Pero ante el aumento de amenazas del gobierno y ante una dirección que se había rendido, el movimiento no pudo continuar mucho tiempo.
Sin embargo, muchos sectores de la sociedad sentían una profunda aversión y un franco odio al gobierno. El brutal estado neocolonial había mostrado su verdadera naturaleza sin disimulos y había hecho añicos muchas falsas ilusiones de que puede haber progreso sin derrocarlo. Claramente alarmados por esa situación, los gobiernos de Estados Unidos y México se inventaron varias iniciativas para mitigar los daños del 68.
El secretario de Gobernación Luis Echeverría, que subió a la presidencia en 1970, era el tipo perfecto para poner en práctica esas iniciativas. El hombre identificado por Philip Agee como enlace de alto nivel de la CIA, ahora montó el show de plantárseles a los yanquis. Pero su gobierno solicitó y recibió más préstamos de Estados Unidos que ningún otro gobierno de la historia de México y usó la asistencia militar estadounidense para eliminar los movimientos armados de oposición. El hombre que estuvo a cargo de la masacre de Tlatelolco ahora declaró amnistía para muchos presos políticos. Aumentó los salarios y prestaciones para algunos sectores de la clase trabajadora y aumentó los cupos universitarios.
Bajo esta “apertura democrática”, a los partidos que renunciaran a la violencia y cortaran lazos con el extranjero les prometieron fondos y escaños en el impotente Congreso. Esa “apertura” fue para los oportunistas un chance de pisotear la lucha de las masas y pedirle favores a la burguesía compradora. Hoy, la izquierda electoral considera que esa “apertura democrática” fue un importante, o quizá el mayor, fruto de la lucha del 68.
Pero en realidad esas iniciativas del gobierno de Echeverría fueron una continuación de la vieja represión y una fachada para una nueva represión. Por una parte, la clase dominante necesitaba urgentemente renovar la confianza de sectores de la clase media urbana en la legitimidad del gobierno. Esperaba que la cooperación de miembros de la izquierda, entre ellos algunos dirigentes del movimiento estudiantil, contribuyera a eso. Por otra parte, el gobierno aisló y atacó canallamente a otros sectores de la población y del movimiento que consideraba más peligrosos. Durante la “apertura democrática”, Echeverría lanzó una encarnizada represión contra los campesinos de Guerrero y “desapareció” a centenares, sindicados de ser miembros de guerrillas urbanas y rurales.
Una nueva masacre cortó de raíz un nuevo brote del movimiento estudiantil el 10 de junio de 1971. Esa vez, el gobierno llevó camionados de “halcones” (pandillas paramilitares derechistas) a una manifestación y les dio rienda suelta. Mataron a 42 estudiantes e hirieron a más de 100.
Pero los estudiantes no olvidaron la masacre de 1968. Cuando Echeverría trató de hablar en la Universidad Nacional Autónoma de México, tuvo que batirse en retirada con la cara sangrando por pedreas de los estudiantes.
Parte 3: México 30 años después de la masacre de Tlatelolco. Ecos en los años 90
Este es el último de tres artículos sobre el 2 de octubre de 1968 en México. La primera parte describió el desarrollo del movimiento estudiantil y de otros sectores en vísperas de las olimpiadas en ciudad de México. La segunda parte describió lo que pasó el 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas de la unidad habitacional Tlatelolco, cuando los soldados y la policía abrieron fuego y cometieron una sangrienta masacre.
Este 2 de octubre más de 100.000 personas–estudiantes de la UNAM y el Poli, vecinos de Tlatelolco, gente que participó en la lucha del 68 y gente de todo México–se sumaron a la marcha en el D.F. para conmemorar a los mártires del 68. Gritaron con furia: “¡El 2 de octubre no se olvida!”, “¡Ni olvido ni perdón!”. Asimismo, hubo actos multitudinarios en ocho estados. En San Cristóbal de las Casas, Chiapas, quemaron el retrato del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz y dijeron: “El México de hoy es exactamente el mismo de 1968″, porque “la represión continúa en todo el país”.
Aparte se efectuaron doce mesas redondas en el Poli, además de una exposición de imágenes del movimiento y un ciclo de cine que presentó películas como Rojo amanecer, una contundente denuncia de la masacre con María Rojo y Héctor Bonilla, prohibida en México durante muchos años. Asimismo se presentaron obras teatrales e interpretaciones musicales de la Orquesta Sinfónica del IPN. Además, seis libros sobre la Masacre de Tlatelolco saldrán este año.
El tema es muy candente; el movimiento del 68 sigue brindando inspiración y presentando retos; hay mucho debate acerca de las causas del movimiento, su significado y en cuanto a deslindar responsabilidades por la masacre.
La historia oficial no ha cambiado
Los asesinos de Tlatelolco son totalmente intransigentes. Como dijo un intelectual mexicano: “La verdad oficial sobre el movimiento estudiantil de 1968 no ha cambiado en 30 años”; según dicha versión, los estudiantes provocaron la violencia, es decir, las autoridades civiles y militares no planearon el ataque ni cometieron ningún crimen. A pesar de tantas protestas y comisiones investigativas a lo largo de tres décadas, los archivos oficiales todavía siguen cerrados; la Secretaría de Defensa Nacional ni siquiera dará un inventario de los documentos en su poder “por razones de seguridad nacional”.
A principios de año, salió a la luz que existen 120.000 pies de película de la masacre filmados desde seis cámaras por órdenes del Secretario de Gobernación, Luis Echeverría. Las cámaras ocultas filmaron los horripilantes sucesos desde distintos ángulos de la Plaza de las Tres Culturas a partir de las dos de la tarde el día 2 de octubre.
En febrero, Echeverría, el principal responsable directo de la masacre, quien posteriormente subió a la presidencia del país, platicó con políticos y reporteros reunidos en su mansión, donde aseveró: “Yo sí estoy limpio y duermo tranquilo”. Luego lanzó una amenaza no muy sutil al movimiento popular de hoy: “Supongamos que existe la amenaza de una revolución. Si se disponen a atacar el Palacio Nacional, ¿qué se debe hacer? ¿Qué debe hacer el comandante supremo de las Fuerzas Armadas si hay otro Tlatelolco, que no es deseable, pero sí posible, dada tanta injusticia, pobreza y el acaparamiento del dinero en tan pocas manos, o si hay otro Chiapas?… Chiapas podría repetirse. No es deseable pero es posible. ¿Y qué hará el presidente con el ejército? ¿Mandarlo o retirarlo?”
Represión sangrienta y palabras de paz
Echeverría se refería al levantamiento armado de campesinos indígenas en el estado de Chiapas bajo la dirección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en enero de 1994. Miles de campesinos se alzaron en armas, salieron de la sierra y la selva, y presentaron sus demandas contundentes de justicia, democracia, autonomía y tierra. La rebelión de Chiapas prendió una ola de lucha en el campo que sigue hasta hoy. Se han presenciado combativas luchas campesinas en los estados de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Nuevo León, Baja California, Tabasco, Morelos y la región de las Huastecas; en los municipios apartados de Chiapas y otros estados, campesinos con armas rudimentarias como palos y piedras han enfrentado a las tropas del ejército. Por todo México, los campesinos humildes que antes vivían y morían en la oscuridad, cuya lucha cotidiana por la subsistencia y cuya muerte a manos del ejército y los caciques apenas se percibía, ahora salen de las sombras y con sus acciones heroicas luchan por un cambio.
En las ciudades hay protestas y paros constantes, además de manifestaciones multitudinarias de solidaridad con la lucha de los campesinos indígenas.
Y, ¿cuál ha sido la respuesta del gobierno? Como siempre, habla de paz y libra la guerra; aplica la doctrina de guerra de baja intensidad “Made in USA”. Las pláticas entre el gobierno y el EZLN llevaron a los acuerdos de San Andrés Larrainzar, que tenían una serie de promesas, como mayor autonomía indígena. El EZLN no ha depuesto las armas, pero su estrategia y metas son distintas a las de los maoístas: usa la fuerza militar y las zonas que controla para presionar por reformas, a diferencia del camino maoísta de establecer el poder revolucionario por medio de una guerra popular.
Por su parte, el gobierno ha violado los acuerdos de San Andrés Larrainzar sistemática y descaradamente. Ha militarizado vastas zonas del campo con patrullas y puntos de control en las carreteras; escuadrones de la muerte asesinan y cometen barbaridades; libra una guerra psicológica para desmoralizar y sembrar terror. En las ciudades, la represión aumenta; hay más policías, construyen más cárceles y desacreditan a los luchadores sociales.
La tercera parte del ejército federal de México, 70.000 efectivos, está en Chiapas trabajando de la mano con la policía y los paramilitares. A continuación, algunos de los crímenes que han cometido en los últimos meses:
Acteal, Chiapas: El 22 de diciembre, 1997, 70 miembros de uno de los grupos paramilitares que trabajan para el gobierno y los terratenientes entraron a la comunidad armados con fusiles militares AK-47 y AR-15, y asesinaron a 45 mujeres, hombres y niños que estaban rezando en la iglesia. La policía estatal se encontraba en las afueras de Acteal pero no intervino, aunque se oían los disparos.
Ocosingo, Chiapas: El 12 de enero, la policía estatal abrió fuego contra una multitud de 6000 personas que protestaban por la masacre de Acteal. Mataron a Guadalupe Méndez López, una tzeltal de 38 años; su hija de dos años, que llevaba cargada, y un joven resultaron heridos.
Taniperlas, Chiapas: El 11 de abril, 500 soldados, policías y agentes de inmigración allanaron una cooperativa campesina, el municipio autónomo de Flores Magón, arrestaron a unas 20 personas sin orden y deportaron a una docena de extranjeros, activistas de derechos humanos y gente solidaria. (Más de 30 comunidades han establecido gobiernos autónomos, es decir, independientes del estado mexicano.)
Nicolás Ruiz, Chiapas: El 3 de junio, unos 1000 elementos del ejército y de la policía rodearon la comunidad e iniciaron un cateo de 100 casas; tumbaron puertas y arrestaron a 164 personas sin órdenes ni acusaciones. El gobernador del estado dijo que el operativo se dio con el fin de “rescatar la constitucionalidad y hacer que la ley impere”.
El Charco, Guerrero: El 8 de junio, llegaron 26 vehículos artillados y dos helicópteros del ejército; según notas periodísticas, cercaron la escuela del pequeño poblado mixteco donde estaban durmiendo campesinos y guerrilleros del Ejército Revolucionario Popular (EPR) después de realizar una asamblea política. Les mandaron rendirse y luego abrieron fuego. Masacraron a 11 personas y ejecutaron a varios después de rendirse. Hubo cinco heridos y 21 detenidos.
El Bosque, Chiapas: El 10 de junio, 1200 efectivos del gobierno con tanquetas, bazukas, morteros y armas de alto calibre sitiaron el municipio. Durante ese operativo mataron a siete campesinos, hirieron a muchos más y arrestaron a docenas. Los militares saquearon y robaron casas, rompieron muebles, se llevaron las pocas pertenencias y dinero de la población, se comieron sus animales y comida. Cientos de campesinos se refugiaron en los cerros cercanos.
La consigna gubernamental “Dejemos que la paz hable” pintada en las paredes de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, recuerda otra que apareció por todo el D.F. al iniciarse los Juegos Olímpicos diez días después de la Masacre de Tlatelolco: “Todo se puede con paz”.
Tal “paz” es la paz de la tumba; la “paz” tan amada por los grandes capitalistas y terratenientes mexicanos porque permite la bárbara explotación del pueblo; la “paz” que el imperialismo yanqui impone para garantizar la “seguridad” de la frontera sur.
Una y otra vez, los que están empapados de la sangre del pueblo hablan de “paz” y dicen que la violencia no es el camino.
Falsos amigos del pueblo
En esta situación candente, el PRD (uno de los principales partidos de oposición burguesa) se pone el manto del movimiento estudiantil del 68; se pinta como un gran amigo que trabaja para el beneficio del pueblo, pero en realidad es un amigo falso.
Para los dirigentes del PRD, la lección clave del 68 es que “se puede evitar la represión” siempre y cuando el pueblo confíe en el sistema y los políticos de oposición, y limite su lucha a metas y medios “aceptables”. Opinan que el gran fruto del 68 es que el dirigente perredista Cuauhtémoc Cárdenas pudo llegar a la alcaldía del D.F. este año–el primer regente de la capital que no es del PRI–y que ahora tienen posibilidades de ganar las elecciones presidenciales en el año 2000 y poner fin a 88 años de gobierno del PRI.
Cárdenas declaró el 2 de octubre un Día de Luto en la capital y la bandera nacional se izó a media asta. Sin embargo, se dejó claro que se conmemoraba a “todos los muertos, sin excepción en ese día en Tlatelolco”; mejor dicho, se conmemoraba a los militares al igual que a los demás. Cárdenas hasta exculpó a todo el ejército. Hablando en un foro en la Universidad Iberoamericana, dijo que es injusto echarle la culpa al ejército por la masacre.
Otro líder del PRD, Porfirio Muñoz Ledo, era un importante dirigente del PRI en 1968, cuando alabó el informe del presidente Gustavo Díaz Ordaz sobre la masacre, un informe que le lavó las manos al gobierno. (Muñoz Ledo ocupó la presidencia del PRI en el gobierno de Luis Echeverría, el siguiente presidente de México.)
En mayo, estalló un escándalo cuando se dio a conocer que el subsecretario de Seguridad Pública de Cárdenas, el general Héctor Careaga, participó en el Batallón Olimpia, el cuerpo policial que jugó un papel central en la Masacre de Tlatelolco, y ascendió a mayor por “actos de valor en Tlatelolco”. Sin embargo, el gobierno capitalino no lo destituyó; al contrario, lo defendió. Dijo que en el caso de su designación se tomó en cuenta su experiencia militar y “en asuntos policiales”. Finalmente, se vio obligado a renunciar.
Hace varios meses, se informó que Cuauhtémoc Cárdenas invitó a un equipo del FBI al D.F. para entrenar a una unidad élite de 50 policías y 50 judiciales, además de dotarlos con lo último en computadoras, tecnología y armas. Asimismo, realizó reuniones con los departamentos de policía de Nueva York y Los Angeles, y propone adoptar elementos importantes del programa “contra la delincuencia” del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Así que Cárdenas quiere que tales departamentos de policía le enseñen métodos para “combatir la delincuencia”. ¡Vaya! El DPLA tiene fama en todo el mundo por la golpiza a Rodney King, y Amnistía Internacional condenó al DPNY, comparándolo con las horripilantes dictaduras del tercer mundo.
Aparte, Cárdenas propone una renovación del Zócalo en que se sembrarán muchos árboles. A raíz de la lucha estudiantil del 68, el Zócalo se convirtió en un centro de protesta que presencia centenares de manifestaciones al año. Al parecer, Cárdenas pretende sacar de ahí las grandes protestas.
La lucha del 68 y la situación actual
El movimiento estudiantil del 68 y la Masacre de Tlatelolco desenmascararon la verdadera naturaleza de la sociedad mexicana ante los ojos del mundo. Hicieron añicos la falsa imagen de prosperidad y crecimiento económico fomentado por el imperialismo. El esplendor de las olimpiadas era para un puñado; se logró a costa de la opresión de la vasta mayoría, los obreros y campesinos; y se defendió con la represión sangrienta.
Lejos de mostrar la invencibilidad del sistema, la Masacre de Tlatelolco y el movimiento del 68 mostraron la profunda debilidad del gobierno comprador, su falta de apoyo popular y que depende fundamentalmente de la violencia. Los estudiantes y las amplias masas que se alzaron en 68 asestaron golpes contundentes al sistema, de los cuales no se ha recuperado del todo. Liberando el coraje y las esperanzas, el levantamiento del 68 tumbó las barreras de lo que se consideraba “posible” en ese entonces, y sigue siendo una inspiración y presentando grandes retos a los luchadores de hoy.
Han pasado 30 años; un nuevo auge de lucha popular sacude a México, solo que ahora se centra en el campo. El levantamiento de 1994 en Chiapas puso de relieve los profundos sentimientos revolucionarios del pueblo mexicano; en la situación actual se destaca el potencial y la apremiante necesidad de una revolución de nueva democracia maoísta y una guerra popular para tumbar el sistema reaccionario imperante y eliminar el dominio del imperialismo yanqui.
Para los imperialistas, en muchos aspectos la situación actual de México es más difícil de manejar que la de 1968. Las luchas poderosas de los campesinos, la gente del fondo de la sociedad, han sacudido a otros sectores del pueblo. La economía mexicana está más entrelazada en una red de interdependencia con la economía estadounidense; una crisis económica en México fácilmente repercute en todo el imperio, como se vio con el desplome del peso en 1994.
Según la propaganda oficial, la economía mexicana se ha recuperado de la crisis de 1994. En realidad, la situación es muy insegura; podría producirse una crisis mucho más profunda. Los ingresos reales han disminuido en un 75% durante los últimos diez años; la cartera vencida (principalmente deudas de la clase media) es altísima. Hay muchísimo desempleo. El peso se desliza. La situación en el campo es espantosa; un informe de la ONU sobre nutrición clasificó a México en la misma categoría de muchos países africanos azotados por hambruna. La clase dominante tiene menos espacio de maniobra para aumentar sus ganancias o hacer concesiones para congraciar a las masas. Hay luchas intestinas y divisiones en el seno de la clase dominante.
La despiadada masacre de centenares de jóvenes mexicanos el 2 de octubre de 1968 y tantas infamias más claman por el derrocamiento del asesino sistema culpable. La osadía y los sueños de los rebeldes del 68 viven. ¡El 2 de octubre no se olvida!
La mano sangrienta de los yanquis
Desde hace mucho, los yanquis han considerado a México como su coto exclusivo para explotar al máximo. Han invertido 26 billones de dólares en fábricas como Ford, GE e IBM, donde se paga la sexta parte de lo que recibe un obrero estadounidense. La mayoría de los mexicanos ganan mucho menos. Mueren 158.000 niños al año por desnutrición y enfermedades curables; sin embargo, México produce el 69% de las legumbres y frutas que se consumen en Estados Unidos durante el invierno.
El levantamiento de 1994 en Chiapas les dio pavor a los imperialistas yanquis y al gobierno mexicano, y la venta de armas de Estados Unidos a México aumentó de 16 millones a 54 millones de dólares.
Actualmente, México es el país que manda más oficiales a entrenarse en Estados Unidos; el año pasado, mandó 330 oficiales a la infame Escuela de las Américas en el cuartel Benning de Georgia.
El apoyo militar yanqui tiene el pretexto de la “guerra contra la droga”, pero como se comentó en el New York Times en diciembre pasado: “Nada puede impedir que los agentes adiestrados por Estados Unidos sean trasladados a unidades especiales que combaten a las insurgencias izquierdistas en los estados sureños de Guerrero y Chiapas”.
En mayo, Frank Houde, un teniente coronel retirado de Estados Unidos, le dijo a La Jornada que vio dos helicópteros Huey de Estados Unidos en varias ocasiones durante el mes de abril en Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas, y otro en el estado de Oaxaca. Houde viajó a México con una delegación de Veteranos por la Paz; señaló que es una violación de acuerdos que especifican que dichos helicópteros solo se deben destinar a la lucha contra la droga.
Obrero Revolucionario, 1998
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alexander escribió
eso no tiene perdon de dios pork esa masacre es triste esos suje tos le pasa por andar narcotraficando droga. y poreso se vengan cuando saven algo de un secuase todos son malos pork,ELMALON K ISO ESO TIENEN K METERLE 50 AÑOS DE CARSEL IMAS CADENA PERPETUA.
maria del gomez escribió
YO PIENSO QUE SE PASAN A VER POR KE NO LES DAN UNA SANSION POR LO KE ICIERON.
ALGUNOS DE ELLOS TODABIA ESTAN VIVOS DE VERIAN DE YARLOS EN LA CARSEL NO MANCHES SE PASAN QUE POCA MADRE DE PARTE DE ELLOS NO0! .
PUTOS DE LA MADRE QUE POCA MADRE ELLOS SOLO QUERIAN MAS LIBERTAD DE EXPRESION Y LO UNICO QUE CONSIGIERON FUE LA MUERTE QUE POCA MADRE PUTO 4EL PRECIDENTE .
Benjamin escribió
Fue una desgracia lo que sicedió, el presidente de aquel entonces no tiene perdón, recuerdo que mi padre me platicaba sobre esa época y como él había estado cerca de los hechos pero por alguna milagrosa razón no pudo asistir a ese encuentro si no tal vez no estaría aquí escribiendo este mensaje. Una oración para aquellos que perecieron y también por aquellos que actuaron de mala manera.
cristy escribió
bueno yo pienso q eso fue
una verdadera desgracia para todos aquellos
q lo sufrieron, q el presidente de
aquel entonses no tiene perdon de nadien
solo digo q todos resemos x los
q fallecieron por algo bueno
solo querian libertad y q si metan a la carcel
a los q estubieron en ese rollo,y q todavia viven.
eduardo escribió
hay mexico tan lejos de dios y tan cerca de estados unidos
que orgullo haber tenido una juventud asi aqui en mexico ellos no tenian miedo de rebelarse contra el poder no que ahora ya a nadie le interesa ya a todo el mundo le han labado el cerebro y en especial a la juventud que ya nada le interesa mas que puras banalidades y modas.
para cambiar a este pais hace falta el apoyo del pueblo y de dejar ese instimto de ser el opresor
pelear por la justicia es vivir quien no pelea ya esta muerto
Marcos escribió
Tienes toda la razon, esta juventud se basa en lo que esta de moda, y no en lo que nesesitamos, la juventud esta estancada en un bache de ignorancia gracias a los E.U, me refiero a los artists, programas productos, mercadotecnia, que dia tras dia nos va entorpeciendo la mente y nos deja estacados en la mediocridad.
veronica escribió
pues pienso que la masacre del 68 por el movimiento estudiantil pero mas que nada fue en lucha de libertad,democracia,libertad de exprecion y de defender sus derechos como estudiantes y pues ese sera un dia inolvidable tanto para las familias como para los y las que lo vivieron y pues solo queda decir que eso fue una anarquia pero no la anarquia civil que es lo que biene en los diccionarios
LARGA VIDA AL PUNK Y LARGA VIDA A LA LIBERTAD
SAKRI escribió
PES YO PIENSO QUE A LAS PERSONAS QUE SIGUEN VIVAS LES DEVERIAN MASACRAR O TORTURAR HACI COMO ELLOS LO HICIERON CON LOS ESTUDIANTES
viviana escribió
haaaa m guzta thu forma de penzar
ya q todo kedo en la inpunidad y
todo fue tapado k0on zolo inzolenciaz
malditoz ojala lez baya bn maal………….
y q pagen todas y una por una las muertes de akellaz
perzonaz……………..
DX escribió
ese movimiento era para decir ya vasta de tanta impunidad ya vasta del pri pero ahora ya se olvido los ideales por que ahora se marcha para robar en los comercios y hacer bandalismo ¿o no?
jim escribió
eso solamente fue una pequeña muestra de lo destructivo que puede llegar a ser el imperialismo por salirse con la suya…. no metan a dios en esto por favor…. dejen de callar por miedo….. esto no es cuestion de rezar por los muertos ni tampoco de meter a la carcel a nadie…. es cuestion de pelear y lograr ser mas fuertes que un fusil …. o lograr reventar por pedazos un tanque de guerra… no saben lo deleitante que es ver a un policia sufrir de dolor jajajaj y mucho menos lo rico que se siente incendiarlos a punta de molotov…… si el govierno nos miente …. nosotros tambien les mentiremos ….. los goviernos tiemblan cuando el pueblo se subleva y envian manotasos sin importar para donde ….. la lucha continua,,,, y la revelion nos espera …. arriba UNAL COLOMBIA
nelbeatle escribió
Lo que necesitamos es la organización para poder luchar… y efectivamente la lucha y el valor de enfrentar las injusticias en nuestros países es la forma de demostrar que se pueden cambiar las cosas.
Marcos escribió
Igual, pienso que eso de rezar, esta para nuyestras abuelas (sin faltar el respeto a nadie), no ganamos nada, pienzo que hay que actuar, pero creo que ya no estamos en los tiempos del 68, creo que en etos dias se han abierto muchas puertas de comunicacion para los juvenes, desean cambiar el Mexico que tenemos, y erro con tigo con eso de mentir al gobierno, eso es ponerce al tu por tu, y traera consigo una nueva lucha o un nuevo tlatelolco, hay que poner las cartas sobre la mesa, decir lo que te falta y ami lo que nesesito, no es cuestion de alterar el orden, si no aclimatarlo.
julio escribió
am abeses pien soO k por k mataron tanta ghente
aver q coños ganaroN hasiendo eso si solamente
querian un poco mas de liverta de expresasrse, netha k se pasaron
de muchaa M ,, am pobre gente agala y un dia alos k lo hisieroON
k paguen en las manoOs de la stha muerthe.
NARAHI escribió
Realmente creo ue lo sucedido fue un acto grave que fue provocado gracias a que los politicos no les conviene que nosotros sus subordinados opinimos sobre la mierda de gobierno …
Esos jovenes que murieron nunca sera en vano su muerte ya que con ellos aprendi a no quedar conforme con el gobierno ue tenemos ahora el ejercito al igual que el gobierno es una farsa ..
GUADALUPE escribió
pues yo pienso es que nosotros no emos hecho nada y que no sirvio nada su murte por que sigue biendo menos o las mismas universidades pero nosotros nunca vamos a tomar consiensia por que siempre vamos como burros a pasar lo mismo
asi como dijo un filosofo
“el pueblo que no tiene memoria esta condenado a repetir lo pasado” pero tambien tenemos q tratar de que haiga un cambio en este pais no que siempre los politicos prometen y nunca asen nada
por formar mas mentes pensantes pero no hay que espera que hagan algo hay que aserlo nosotros imformadonos y aprendiendonos minimo nuestro pasado
viviana escribió
ezo q va hps de la mierdad kreen tener podre zimplemente x q tienen una chingada arma en laz putaz manoz elloz zimplemente c revelaron komo uno en la kaza q no c aguanta a la mama y x ezo ella no zaka una metralleta y noz mata o akazo zip ezo q va muerte para loz q hizieron ezo hijoz de la chingada madre q loz pario la muerte de ezoz adolescentes no tiene perdon dizq la ley kual ley kual juzticia
la juzticia la hac el pueblo y el pueblo zomoz nozotroz…………
a la mierdad kon loz chupaz y akelloz
q dicen zer la ley………..
pfffffff ezto lo ezkribo kon rabia y perdon laz ezprezionez pro ezq no aguanto tanta inguzticia en ezte mundo……
Marcos escribió
En realidad me disgusto mucho todo el poder que tiene el poder judicial, digo, abiendo tantas maneras de solucionar las cosas, y en este caso no trataban con niños, ni con gente sin cultura, si no con universitarios, que en realidad buscaban una solucion a todo aquello que sabian que el gobierno estaba haciendo mal. Todas las facultades se unieron e hicieron uso de sus conocimientos para apoyar el movimiento, pero de que sirvio, si la fueraa bruta del hombre prevalecio ante la inteligencia. Pero lo peor, esque gente inocente murio, y no por estar en el lugar ni momento inoportuno, si no por la NEGLIGENCIA Y ESTUPIDEZ de un presidente que solo queria hacer ver un Mexico que e realidad no existia, un Mexico donde reinaba la paz, donde todo pintaba en color de rosa. Creo que sus influencias ayudaron a que este ser, (porque no quiero llamarlo hombre, porque seria un insulto para la humanidad y para Dios),para no ir preso y pagar por el crimen tan bajo que cometio.
De igual forma pienso que si seguimos con la mentalidad de solucionar todo con la fuerza bruta obtendremos un nuevo tlatelolco en nuestros dias, quiza si utilizamos la inteligencia para solucionar los problemas, tal vez seriamos un Mexico digno de difundirnos a todos los paises del mundo.
nayeli lopez escribió
EsoO no es kosa de dios no prsecisamente se tienen ke andar peliandoO o matandoO ablando se entiende…. Io estoi en kontra de eso por que ami noO me gustan las Guerras ni los devates sobre los politicos xk ai enpieza todo los problemas hay muchas matanzas hay k evitar eso para k aiga PAZ en la vida…
Claudia Maldonado (@FabhyMaldonado) escribió
que de cosas pasas!!! o han pasado y que sigue!