Los árboles
Publicado por payasoo en Julio 9, 2008
Corría el año 2007 cuando dos árboles pertenecientes a dos ecosistemas diferentes conversaban en un ecotono, en los albores de un nuevo día en la Tierra. Uno de ellos (una encina) contaba con treinta anillos en su tronco, y el otro (un roble) con noventa. Fue el más joven de los dos el que inició la conversación: “Eh, roble! ¿Lo notas tú también? ¿Te has dado cuenta? Es algo muy extraño, y nunca lo había sentido, por eso quisiera comentarlo con alguien más anciano y más sabio que yo, porque aunque pertenezcas a otro ecosistema, las condiciones climáticas de nuestro entorno son bastante similares, y el Planeta en que vivimos es el mismo. El caso, es que desde hace algún tiempo, vengo notando algunos síntomas, y sé bien que no se trata de ninguna enfermedad conocida, de las que suelen afectar de vez en cuando a algún miembro del bosque. Siento cómo mis raíces perciben menos humedad en el sustrato, cómo mis flores se abren a la vida con varias semanas de antelación, sin recibir las cordiales visitas de los insectos que las polinizaban; los escasos frutos que doy, apenas son devorados por esos pájaros que venían y me caían tan mal y que ahora incluso echo de menos, puesto que nadie se ocupa de esparcir mis semillas; los inviernos los noto menos fríos, y los veranos excesivamente calurosos; las nubes negras se pasean menos por aquí, y cuando lo hacen, llueven con tanta intensidad que el agua de la precipitación se lleva consigo todos los nutrientes que alberga el suelo. Y así, podría seguir nombrándote muchas más cosas, pero no es mi intención aburrirte, eres más viejo y estarás cansado. ¿Qué me dices de todo ésto?”.
El roble, que había estado escuchando atentamente las explicaciones de la encina, quedó impasible unos minutos, tras los cuales, respondió:”Sé perfectamente a qué te refieres y a qué se deben esos “síntomas” como tú los llamas, y te puedo asegurar que en absoluto se trata de una enfermedad. Verás, eso que describes lo han sentido también otros árboles a lo largo de la historia, y muchísimos perecieron, incluso especies enteras, es algo natural que ocurra cada cierto tiempo. Dichos “síntomas”, son las alteraciones que se notan cuando el clima cambia. Por otra parte, como bien sabrás, en la Tierra somos muchas las especies que la habitamos, y no sólo del reino vegetal. Pues bien, hay una del reino animal que en torno a la segunda mitad del siglo XVIII, comenzó una actividad muy intensa y dañina para la vida, contaminando el entorno, destruyendo ecosistemas, talando bosques, esquilmando especies…Y esa actividad que ella desempeña para “vivir” es la que ha causado todas esas modificaciones en el clima que hacen que notemos los cambios de los que hablas. Esa especie, es la humana”.
El árbol joven, atónito, le interrumpió:”No es posible. No me lo puedo creer. ¿Cómo una especie puede estar tan loca? ¿Acaso sus miembros no son conscientes de la plenitud de la vida? ¿No aman su sustrato, su agua, los frutos de la tierra, el resto de especies hermanas, la brisa, o el ocaso? ¿Están dormidos? ¿Están enfermos?”.
El roble, contestó: “Sí, están algo así como dormidos, sumidos en un sueño profundo. No se han dado cuenta de que la vida que fluye por sus cuerpos es la misma que fluye por nuestros troncos y copas, por todas las especies, y por todos los ecosistemas. No quieren ver que la materia que les da forma y la energía que los mueve es también idéntica que la del resto de seres vivos. Y es que están desconectados de la vida. Corren de un lado para otro, no se detienen a mirar el cielo, ni a oler las flores, ni a sentir los rayos del sol. A cambio, producen y consumen por encima de lo que necesitan, en el afán por lograr la felicidad que vanamente buscan con el consumismo, sin importarles las repercusiones de su hacer, simplemente pensando en su ego y en acumular para él, llegando incluso a matar de hambre y sed a otros de su misma especie. No aprecian. No valoran lo que tienen, y mucho menos respetan su entorno. Cabe aquí citar lo que dijo alguien hace algún tiempo: <<No se puede defender lo que no se ama>>, y como no aman la vida, destruyen la naturaleza, se destruyen a sí mismos. Haciendo un inciso, habrás visto toda la basura que hay acumulada aquí, a pocos metros. Pues bien, la dejan los humanos los fines de semana, ¿Si amasen el bosque la dejarían ahí? ¿Nos contaminarían y aumentarían el riesgo de incendios? Algún día esa especie tendrá que despertar, darse cuenta, madurar. Tal vez aún quede mucho, tal vez no, pero es posible que cuando esa toma de conciencia ocurra ya sea demasiado tarde, y todos los cambios que ahora notamos en las condiciones ambientales, se agravarán”. “Roble, ante esta situación, ¿Qué mensaje podrías darle a los humanos?”.
El roble, reflexivo, concluyó la conversación afirmando: “Sólo es posible hacer algo si cada miembro de la especie humana cambia su conducta a nivel individual. De ser así, los resultados serán espectaculares, porque <<El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo>>”.
Mª Elena Martín Sánchez
Socia de Asseca

lilian escribió
muy buena la pagina