Mientras esperaba en un aeropuerto estadounidense un vuelo de vuelta a NY, me quedé sorprendido al ver a un joven blanco con el más reciente libro de Barack Obama, primer candidato negro a presidente de EEUU por el Partido Demócrata.
Suelo fijarme en lo que lee o escucha la gente siempre que estoy en un sitio público. También aprovecho muchas veces para escuchar conversaciones ajenas en un intento de sortear, por lo bajo y sin encuesta, lo que se esta diciendo en la calle. El joven andaba con 4 más de igual edad y perfil. Los 4 hablaban de temas académicos y se hacían fotos con una cámara profesional que andaban probando. El que andaba con el libro de Obama parecía algo distraído, un poco lejano a la conversación. Intentaba, a cada rato que podía, seguir leyendo. El dedo que separaba la página que leía de la que aún no había leído no se salía nunca del libro. No le separaba del libro ni la risa de su compañero ni la insistencia del otro en probar la cámara nueva.
El periódico que yo leía (Obrero Socialista ) tenía titulares llamativos así como varias fotos de Obama. Las dos personas sentadas al lado mío—blancos y mayores—lo miraban y parecían comentarse algo. Para mi mala suerte no pude escuchar lo que decían.
Estas impresiones reflejan en realidad un clima político más amplio. Después de 8 años de George W. Bush, un número cada vez mayor de estadounidense desea un cambio. Están asfixiados por el elevado costo de la vida, por la incapacidad de pagar las deudas y llegar a fin de mes…al igual que millones de personas en muchas partes del mundo. La guerra en Irak lo baña y lo daña todo, y poco a poco la gente de pie se ha dado cuenta. Bush tiene los peores índices de popularidad, la guerra cada vez menos apoyo mientras la vida empeora a cada momento sin remedio.
Para mucha de esa gente, Barak Obama representa un cambio; él mismo se ha encargado de que parezca así. Su campaña para la nominación por el Partido Demócrata llevaba de lema el ya famoso “Yes, we can” debajo de CAMBIO en letras grandes.
La verdad es que todos quisiéramos que realmente algo cambiara. Cinco años de guerra han transformado al mundo en una gran olla de presión que empobrece a millones de personas a un ritmo cada vez más rápido. En vez de reducirse, lo conflictos bélicos y los actos terroristas se multiplican.
Pero la triste verdad es que aunque Barak Obama gane, poco va a cambiar en la política estadounidense. Parte de la explicación para esto está en que las políticas que llevó adelante la administración Bush eran políticas que le convenían a la clase dominante estadounidense, no unas que provenían de la probada poca capacidad intelectual de Bush. Obama puede que sea menos idiota, pero sus políticas responderán a los mismos intereses.
Y no hay que esperar a que gane en noviembre para saberlo, si es lo que pasa finalmente. Gran parte de su política está más o menos clara desde ya. Su gobierno intentará restablecer la imagen y el poderío estadounidense que la administración Bush ha lacerado grandemente. Según estudios publicados por El País a principios de junio, “la imagen de Estados Unidos ha empeorado en la mayoría de los países del mundo… y la parte más negativa se refiere a la gestión de la guerra de Irak”. Aunque es algo obvio para la mayoría de los que leerán esto, los empresarios estadounidenses están preocupados con que el curso actual los lleve a perder aún más terreno en el campo de competencia global. Esa competencia explica también la serie de cambios y proyectos neoliberales que están en curso en Europa (jornada de 65, políticas antimigratoria y represivas, Bolonia, etc), todo para intentar ganarle a los estadounidenses.
Obama tiene claro que defenderá Israel, sobre el cuál alardea de sentirse orgulloso de defender. Continúa con la retórica contra Irán y asegura que hará todo lo que este en su mano para “eliminar esa amenaza”. Cuando estaba de campaña para la candidatura aseguraba que se reuniría con todos los gobiernos “poco amigos” (como el de Cuba o Venezuela), pero ya ha advertido que continuará con el criminal bloqueo contra Cuba. Que uno de sus oficiales finalmente termine reuniéndose con funcionarios “enemigos” tampoco garantizará un futuro cambio en su política hacia estos gobiernos.
¿Y la guerra, qué pasa con la guerra? Mientras estaba de campaña parecía convencido de querer darle algún fin pronto, pero una vez asegurado su candidatura, su posición ha comenzado a ser más precavida. Él sabe que no puede darle un fin a la guerra sin afectar los grandes intereses estadounidenses que están allí. Intereses que de paso, son los que están intentando que llegue a la Casa Blanca. La campaña de Obama esta siendo grandemente financiada por mega compañías. La clase dominante cree haber encontrado en él al mejor candidato para recomponer la estrategia de dominación imperialista, y no para acabarla.
A pesar de todo esto, un clima diferente se respira en EEUU. Según encuestas recientes, la mayoría de los jóvenes ven como algo positivo el hecho de que Obama sea negro. Esto en un país profundamente racista, de historia de segregación racial y violaciones constantes de derechos civiles; un país donde 1 de cada 15 negros está en la cárcel. Esa es señal de que algo se ha movido en la conciencia colectiva de la mayoría estadounidense. Eso, aunque una vez en el poder, Obama haga a los pobres más pobres y a los ricos más ricos.
Giovanni Roberto, desde Estados Unidos para Jóvenes Despiertos



