"La naturaleza humana, esencialmente voluble, inestable como el viento, no tolera que se la sujete; forcejea contra las ataduras que ella misma se ha impuesto y acaba por romperlas a todas, a la muralla y asi misma" Franz Kafka (De la construccion de la Muralla China "Cuentos Fantasticos")
He leído que no hace mucho en Méjico murieron, a causa de una oleada de frío, millones de mariposas. Lo que me sorprende no es que las mariposas mueran, sino que sobrevivan a tan atroz ataque helado, que el polvo mágico que desprenden sus alas quede ileso y entero, aunque nunca más volverá a ser virgen. Dicen que el fino polvo de las mariposas causa ceguera. Nada más falso, pero ojalá pudiera derretir el hielo, y ojalá fuera tan mágico como para cubrir el techo con esas fantásticas moléculas que nos permitieran soñar sin la vista, que rompan el iris para imaginarnos un arcoíris con colores extraños y con olores extranjeros.
Pero señores, las mariposas han muerto y ya nadie las recuerda, las mariposas amaban las flores y ya nadie las añora, las mariposas fueron el decoro de una sociedad mundana, las que también tienen lengua pero ninguno lo sabe. Porque aun esas mariposas mueran lejos de aquí, es posible que sus cadáveres caigan en algún lugar dentro de nuestro pecho.
En cualquier caso, en tiempos en los que parece imposible encontrar un significado congruente a estos vocablos, quiero pensar que en cada uno de nosotros se forja una pequeña larva, una pequeña y solidaria criatura que sobrevivirá a un cambio climático, a cada batalla, o a la inmoralidad que la amenaza, siempre a la sospecha de caer en la gangrena del desalme, siempre a la expectativa de convertirse en ese increíble insecto que resista las heladas. Y es que un viaje al centro de los principios no cuesta nada.